“Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios los creó; varón y hembra los creó. Los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos...” Génesis 1:27; 1:28.
Pero no les dijo como debían multiplicarse. No les habló de la maternidad y paternidad responsable, ni les dijo que formar una familia con responsabilidad, no es esperar sumisamente todos ¡los que Dios quiera mandarme!
Históricamente las sociedades y las culturas humanas han hecho diferentes intentos para ejercer control sobre la natalidad, la fecundidad y la estructuración de la familia. Esto ha estado regulado y mediado por las creencias religiosas, los requerimientos económicos y las fuerzas de poder social de cada época y cultura.
El sentido de ser padre y madre, tener descendencia y construir una familia ha evolucionado con el desarrollo de la cultura humana. El excesivo aumento de la población mundial y el surgimiento de una mujer en búsqueda de su propia identidad con derechos civiles y sociales iguales que los hombres, han propiciado una forma de concebir la reproducción humana de manera más responsable y controlada, en donde las personas que la protagonizan -mujer-hombre- practiquen el derecho a decidir cuando, como, donde y con quien cumplir con el mandato divino.
Así mismo, el desarrollo de las prácticas de regulación de la fecundidad ha posibilitado disfrutar de lo maravilloso, la ternura, el placer, el amor y la comunicación mientras que la pareja logra las condiciones emocionales y sociales para tener hijos e hijas, si ésta es su decisión. Las parejas modernas cuentan con mayores alternativas para regular la posibilidad de embarazo, lo cual ha llevado a que la formación de una familia con hijos pueda ser prevista cada vez más como una opción responsable y madura, producto a su vez de un proceso de toma de decisión.
Este proceso implica que la pareja elabore conscientemente respuestas a una serie de interrogantes:
¿Deseamos tener hijos?
¿Cuáles son las razones por las cuales los deseamos tener?
¿Qué sentido tiene tener familia para cada uno, y para la pareja?
¿Cuáles son nuestros proyectos de vida? (El tuyo, el mío, el nuestro)
¿Qué papel juega construir familia en estos proyectos?
¿Qué tipo de familia deseamos formar?
¿Cómo deseamos tratar nuestros hijos?
¿Qué tipo de ambiente familiar aspiramos construir?
¿Cómo desearíamos formar las y los hijos?
¿Qué tipo de formación y de valores esperamos fortalecerles?
¿En qué condiciones de vida deseamos tenerles y criarles?
¿Cuántos hijos deseamos tener?
¿En qué momento de nuestras vidas les tendremos?
¿Cómo disfrutaremos de la sexualidad y el erotismo ejerciendo control sobre fecundidad?
¿Qué métodos para regular la fecundidad serán más convenientes, adecuados, funcionales y coherentes con nuestras creencias religiosas y estado de salud?
Por otro lado, la paternidad y la maternidad no tienen que ser una opción de vida para todo el mundo. De hecho muchas personas hubieran hecho mucho bien a la humanidad si nunca hubieran tenido hijos en las condiciones que los tuvieron y criaron.
De igual forma, la construcción de un proyecto de vida familiar no es incompatible con la construcción de un proyecto de vida personal, pero es importante saber planificar para que armonicen y no sean fuente de conflicto. Muchas mujeres, especialmente, más que hombres, han tenido que aplazar o sacrificar expectativas de vida y proyectos de desarrollo profesional por hacer frente a la crianza de un embarazo no planeado.
Ser padre y madre es una experiencia maravillosa que puede ser fuente de realización personal, siempre y cuando, se tenga la preparación adecuada para ello. Esta labor es titánicamente maravillosa. Se sabe cuando empieza pero no cuando termina, ya que cuando se toma la decisión de procrear y criar descendencia, se asume responsabilidad para toda la vida. Las hijas e hijos siempre serán hijas e hijos, por lo tanto la responsabilidad de la madre y el padre, tal vez con el pasar del tiempo disminuya, pero nunca termina.
Cada quien escoge como llegar a la maternidad y paternidad, y ésta escogencia puede ser por: azar, las circunstancias, o como resultado de libre, consciente y responsable decisión. Cuando se escoge la última opción, se inicia un camino maravilloso reservado sólo a las madres y padres responsables.
Por: Rosemilia Cohen Liscano