Sólo los expertos y veteranos degustadores, pasan la prueba sin evidenciar en sus orejas, ojos o “cachetes” las reacciones típicas e involuntarias que se producen al saborear ésta exquisita y controversial bebida.
La tradición artesanal para la elaboración del licor de cocuy fue heredada de los indios Ayamanes, Xaguas y Jiraharas, quienes hacían el elíxir divino con el que alegraban el espíritu. Los colonizadores, contagiados por esa magia de seguro embriagadora, no tardaron en tomarle el gusto.
"El cocuy es exclusivamente jugo de ágave, sólo admite en su autenticidad la mezcla con el papelón y su envejecimiento en barricas. Antes de destilar se mezcla el jugo de cocuy con guarapo de papelón para que fermenten juntos, se combinan los alcoholes naturales y eso genera su sabor y olor característico. Aún se usan barriles creados hace 98 años", dice Salomón Díaz, de la cooperativa cocuyera Carohana.
Los agave son hierbas gigantes, perennes, que llamaron la atención de los conquistadores por su extraña presentación, como por la utilidad que le daban a los habitantes de la zona, mereciendo su aprecio en reflexiones como el de Gutiérrez de Santa Clara (1544-1548) “todo lo que la naturaleza pudo dar para vivir y aprovechar al género humano, lo puso en esta planta, así para vestir y calzar, comer y beber, como para la salud de las personas...”.
Así mismo, Acosta (1590) lo llamó “árbol de las maravillas porque se obtiene de él vino, aguardiente, vinagre, miel, arrope, aceite, agujas, hilos, cuerdas”. Oviedo (1534) señala “es muy útil e buena hierba, porque se hacen de ella muchas cosas... en tiempos de necesidad…es manjar para suplir el hambre, e no de mal sabor. Porque aquella cepa o raíz en que nasce, se asa, e lo comen los hombres, no por dulce pasto; mas no teniendo otros manjares, éste no es dañoso ni empacha, e basta a sostener la gente”.
Revelaciones
Estudios etnográficos hechos por investigadores como el antropólogo Jorge Jaber, revelan que la presencia del cocuy en nuestra cultura puede ubicarse en el meso-indio, época que va desde el año 500 hasta el 1000 a.c.
De las crónicas escritas por el alemán Titus Neukomm, desde Coro, por ejemplo, se sabe que los indios Jiraharas, radicados en esa zona, ya producían cocuy mucho antes de la llegada de los españoles.
Como prueba de la relación antiquísima y estrecha que tiene la planta con los primeros pobladores del eje Lara-Falcón, el historiador Carlos González Batista, comenta que en una pintura que data de 1623 (ubicada en el Museo Diocesano de Coro), se puede apreciar detrás de la imagen de Santa Lucía, patrona del pueblo de Pecaya en Falcón, un pequeño aborigen cerca de una planta de agave decapada. La característica anterior, identifica, según González Batista el proceso que antecedía a la remoción de las hojas, para el posterior cocimiento de la piña (cuerpo central de la planta) de donde se extraía la cotizada bebida.
Perseguidos de la Ley
Investigaciones recientes indican que en las primeras tres décadas del siglo XX existían en el municipio Urdaneta alrededor de 30 alambiques, cada uno con una producción aproximada de 200 barriles de 30 litros de cocuy, para distribuirlo entre las ciudades Churuguara y Coro en el estado Falcón, así como del interior del país.
Pero durante el régimen militar de Marcos Pérez Jiménez en los años 50, se modifica la Ley de Impuestos sobre Alcohol y Especies Alcohólicas, y con ella se prohíbe irrestrictamente la producción artesanal de cocuy.
"Nos poníamos en el monte y cuando nos llegaba la Guardia Nacional, nos tocaba pegar carreras montaña arriba. A veces cuando no lográbamos mover nada del alambique los soldados lo destruían", recuerda don Antonio Vargas, un experimentado productor de cocuy de 66 años, 52 de ellos dedicados al oficio de la destilería casera.
Dice además que "Los propios papás de nosotros nos dejaron esta tradición, ellos trabajaban eso cuando aún habían indios y así fue como nosotros cogimos obrar con el cocuy”.
Haciendo justicia
En el año 2000, la gobernación de Lara declaró al cocuy como patrimonio cultural del Estado.
En 2003, el Consejo Legislativo de Lara dictó una Ley de protección y desarrollo de la planta Agave cocuy.
El 28 de septiembre de 2005 entró en vigencia la reforma de la Ley de Alcoholes que permite la libre comercialización.
Según el primer censo de productores artesanales realizado por el Instituto Nacional de Investigaciones Agrícolas (INIA), existen 347 fabricantes en el estado Lara, de los cuales alrededor de 300 habitan en el municipio Urdaneta, quienes han recibido con beneplácito el reconocimiento del cocuy como Patrimonio Cultural.
"Se hizo justicia porque durante muchos años los productores fueron perseguidos como si cargaran droga. Esta noticia para el estado y especialmente para Siquisique es muy importante porque nos proyecta a nivel mundial", asegura Héctor Pineda, miembro de la Asociación de Productores Artesanales de Cocuy del municipio Urdaneta (Asipracomur).
Como “Joya” venezolana
Según el productor Hector Pineda, de Asipracomur, el cocuy es comparable con el mejor tequila. Ésta opinión la fundamenta en un estudio realizado por la Universidad Francisco de Miranda de Coro, donde se realizaron pruebas comparativas entre whisky escocés de 12 años, tequila mexicano y cocuy, con las que descubrieron que la composición química entre los tres era similar y en ocasiones sobresalía la del cocuy.
Pero para lograr estos altos niveles de calidad es necesario que el producto final contenga como materia prima un mínimo de 60 % de cocuy puro y 40 % de otros componentes como agua o melaza de caña de azúcar.
En opinión del reconocido cheff internacional Sumito Estevez, “resulta inaudito que nuestros licores sean tan subestimados cuando tenemos dos destilados de alambique excepcionales, aparte del ron, que bien merecen comenzar a ser exhibidos por nosotros como grandes joyas: El Cocuy pecayero, de un agave propio de Venezuela del eje Falcón-Lara y el Miche andino (y su expresión ilegal llamada "callejonero"). El primero hecho mediante técnicas similares a las del tequila y el segundo un curioso destilado de hinojo. Basta con probar cualquiera de los dos en estado puro y bien fríos (como una Grappa) o hacer cócteles, para entender inmediatamente sus posibilidades. Así como los chilenos están vendiendo Pisco-Martini, es hora de que nosotros entendamos nuestros aromas y hagamos las traducciones de rigor mediante la invención de una coctelería con lenguaje propio”.
Entender nuestros aromas y traducirlos mediante la invención de una coctelería con lenguaje propio es trabajar en función de competir en buena lid con los mejores licores reconocidos en el mundo: whisky escocés, vodka ruso, sake japonés, tequila mexicano, aguardiente colombiano, o el pisco peruano.
Los expertos y veteranos dicen que es excelente para despertar el “apetito” y que no produce “ratón”. Y lo mejor de todo, es que pasa la prueba del aliento.
Fuentes:
http://www.chloris.cl. Revista chilena de flora y vegetación
www.sumitoestevez.com
www.burodevenezuela.com
www.producto.com.ve