En muchos de mis contactos con participantes en talleres, y clientes en sesiones de coaching, surge siempre la misma pregunta: ¿cómo consigo un balance entre mi trabajo y mi vida personal (familia, relaciones, esparcimiento, desarrollo espiritual, salud física y mental)? .Existe la queja generalizada, que le dedicamos mucho tiempo al trabajo en detrimento de las otras áreas y que es poco lo que se puede hacer al respecto.
Después de un proceso de reflexión se concluye que lograr este balance, es una meta de alta prioridad a ser incluida entre la lista de cosas por hacer para lograr el tan ansiado cambio y tener una mejor calidad de vida. Si embargo, ¿Es en realidad una meta razonable, dada las condiciones actuales?.
El estrés laboral y el “burnout” han crecido en proporciones alarmantes. Las organizaciones y sitios de trabajo están llenas de gente estresada y frustrada. Las consecuencias para la salud están a la vista. El trabajo en lugar de fuente de satisfacción y felicidad se está convirtiendo en la primera causa de estrés y enfermedad. Numerosas publicaciones e investigaciones sugieren que las empresas y sus lideres “no deben seguir exigiendo más tiempo de sus trabajadores a expensas de su vida personal/familiar”. Los ambientes laborales de hoy exigen mucho de sus trabajadores.
El término “empleos extremos” se usa para catalogar aquellos que requieren muchas horas de dedicación a la semana, donde la vida personal/familiar no tiene cabida. Si bien las recompensas económicas son muy buenas, en ambientes competitivos y desafiantes, con gente brillante, no hay tiempo para la vida personal. Casi un 70% de estos empleados sienten que su salud esta siendo socavada, además de sus relaciones familiares y sociales.
A diferencia, cuando sentimos que nuestro trabajo no es una pesada carga, que le resta tiempo vital y energías para disfrutar de una vida plena y satisfactoria, estamos mejor preparados para enfrentar las demandas cada vez más exigentes de la vida laboral, por lo tanto somos más productivos. Mientras mayor sea la sensación de control sobre nuestro trabajo, existirá menos riesgo de sufrir enfermedades. Este hecho no lo reconocen los empleadores y líderes organizacionales, ni siquiera nosotros mismos, inmersos en una carrera por ser exitosos.
En el caso de la mujer, este tema se convierte en algo de vital importancia. Además de trabajar a tiempo completo, debe cumplir otros roles que demandan atención total, y luchar contra la situación de desventaja por razones de género. Muchas están dejando cargos bien remunerados y están optando por trabajos que les permitan un mayor balance y satisfacción.
Si el cambio debe ocurrir, ¿por dónde comenzar?
Primero, debemos aceptar una realidad. Cualquiera sea la ocupación, siempre dedicaremos más tiempo al trabajo que a otra actividad. Hoy las expectativas de vida se han incrementado y muchos buscan formas de seguir trabajando aún después del tan ansiado retiro. Así que, fácilmente podemos llegar hasta tener una carrera de 50 años o más. Si contamos una jornada normal de 8 horas, mas el tiempo de preparación y traslados, es mucho más tiempo del que dedicamos a dormir, a actividades recreativas o para estar con la familia.
Aquellos que trabajan bajo relación de dependencia se sienten con muy poco poder para retar las bien organizadas y eficientes estructuras organizacionales y las enraizadas culturas autocráticas que permiten estilos gerenciales basados en el miedo, que muchas veces originan sistemas perversos donde el poder se usa, no para apoyar y potenciar, sino para obstaculizar. Estas estructuras de poder, más las demandas del negocio, exigen mucho trabajo extra, largas horas de dedicación e incuestionable aceptación de tareas asignadas a última hora, muy pesar, por parte del trabajador, de tener compromisos familiares o personales.
Segundo, aceptando esta realidad. ¿Se puede lograr balance en estás condiciones? ¿Es una meta factible? ¿Cómo resolvemos este dilema?
Mucha gente trabaja mucho, sin embargo, está muy satisfecha y si bien presenta dosis de estrés, es un estrés positivo, que permite alcanzar metas profesionales que son parte de un proyecto de vida. En lugar de buscar balance, busquemos la sinergia trabajo-vida. Un trabajo que potencie las otras áreas, produciéndose así la excelencia. Un individuo sinérgico es excelente en lo que hace. La sinergia se logra con un trabajo que sea un reflejo de tu naturaleza, que te apasione, que permita expresarte, que te de salud física, emocional y te satisfaga espiritual y materialmente. El entusiasmo surge en forma espontánea.
Nuestra energía y creatividad necesitan ser expresadas. Cuando no se pueden expresar, se convierten en fuentes de estrés. Cuando estamos insatisfechos con nuestro trabajo, esta insatisfacción no la dejamos en el trabajo, la llevamos a todos lados impactando en forma negativa todo lo que nos rodea.
Ya te habrás dado cuenta que el cambio comienza contigo. Encontrar y comprometerte con el trabajo de tu vida, te da la energía y el poder necesarios para enfrentarte a los retos de la vida moderna.
Preguntas de reflexión:
- ¿Qué es lo más importante en esta fase de tu vida? ¿Cuáles son tus prioridades?
- ¿Qué tan bien encaja tu trabajo con las otras áreas de tu vida? ¿Es tu trabajo parte de un proyecto de vida o solo sirve para pagar las cuentas?
- ¿Tu trabajo te permite expresar lo que más valoras?
- ¿Tienes adicción al trabajo? ¿Trabajas para vivir o vives para trabajar?
Por: Egberto Fernández
“ Coach Certificado de Carrera y Empleo”